Los monasterios anglosajones eran más resistentes a los ataques vikingos de lo que se pensaba, según han concluido los arqueólogos. Lyminge, un monasterio de Kent, estuvo en primera línea de la larga hostilidad vikinga y las victorias de Alfredo el Grande. El monasterio soportó repetidos ataques, pero resistió al colapso durante casi un siglo, gracias…
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