A lo largo del año 147 a.C. los senadores romanos se fueron acostumbrando a asistir a un duelo de frases hechas con las que dos obstinados contrincantes políticos terminaban siempre sus discursos. Uno era Catón el Viejo, defensor de las más rancias tradiciones, que sistemáticamente remataba su oratoria exclamando «Carthago delenda est» (Cartago debe ser…
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